miércoles, 10 de noviembre de 2010





JESUS ES NUESTRA FORTALEZA

Es maravilloso ver a un Padre amoroso en acción. Un padre protege, su fortaleza da seguridad. David se refiere a Dios como su fortaleza. Una fortaleza es un lugar fortificado, estratégico fuerte y seguro. Dios quiere que confiemos tanto en Él que lo consideremos nuestra fortaleza. David tenía ese tipo de relación con Dios porque él lo buscaba. Él meditaba en su Palabra. La palabra de Dios era como miel a su paladar. David lo alababa y le oraba fervientemente en la mañana, al mediodía y en la noche. Él decía que Dios era: “…mi escudo y la fuerza de mi salvación, mi alto REFUGIO” (Salmo 18:2).
Jesús quiere ser nuestro refugio no solamente cuando tengamos problemas, ser nuestro escudo y fortaleza alrededor de nosotros todo el tiempo. Su presencia nos da fortaleza. La Biblia habla de dos tipos de fortalezas: la que Dios ofrece, la cual ya mencioné y la que Satanás trata incesantemente de establecer en nuestra mente contra el Espíritu Santo.
Leemos acerca del segundo tipo de fortaleza en 2 Cor 10:4: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de FORTALEZAS”. Pablo nos da más información acerca de esas fortalezas. Él las llama “argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios”. Dice que tenemos que llevar “cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.
Gran parte de la batalla del cristiano se lleva a cabo en la mente. Allí es donde comienzan las tentaciones que luego se convierten en acciones llamadas pecado. Necesitamos una fortaleza mental bien construida y no la fortaleza construida por Satanás que nos limita y nos oprime. Si reconocemos las acechanzas de Satanás ya habremos ganado parte de la batalla. Hay tres clases de pensamientos.
Pensamientos provenientes de Dios, pensamientos carnales y mentiras puestas en nuestra mente por el enemigo.
La Palabra de Dios nos ayuda a construir la fortaleza que nos ayuda a defendernos y a protegernos de los pensamientos carnales y mentiras construidas por el enemigo. En hebreos 4:12 Pablo nos dice: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más constante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Satanás usa nuestros sentimientos y emociones para construir su fortaleza en nuestra mente.
El rencor, el orgullo, el enojo, los complejos de inferioridad y el amor al dinero son su materia prima. Ciertas escrituras nos ayudan a luchar contra ésta.

La biblia encontramos la ayuda, pero primero Orar y con la ayuda del Espíritu Santo y la sabiduría Divina nos ayuda al entendimiento de las escrituras usándolas como nuestra base y permitir que nos demos cuenta de nuestros errores y cambien nuestra manera de pensar errónea.
Si formamos el hábito de buscar a Dios nos enseña atreves del Espíritu Santo, Jesús se convertirá en nuestra fortaleza.





El poder de la verdad

Cuando hay una buena comunión con Dios, se manifiesta el espíritu Santo y su influencia en la vida de las personas.
Estudiando las lecturas bíblicas nos enseña el carácter y fortaleza ante todo tipo de engaño;
Tiene que ver con el cambio transformador que opera en la vida diaria el abrazar la verdad y con la libertad que se experimenta al renunciar a las ventajas que ofrece el engaño.

Muchos hermanos, no logran experimentar y disfrutar de todo lo que Dios les ha concedido en Cristo.
Por el engaño, al no saber y distinguir el engaño, por qué no se han dispuesto a andar en luz a través de la verdad en todas las áreas de su vida; porque no han podido o decidido renunciar al engaño envueltos en sus beneficios, ventajas que ofrece el engaño y las medias verdades les proporcionan, y, porque no han comprendido que la obra de Dios no se edifica sino con base en la verdad de las Escrituras y en la verdad que se expresa en las palabras y acciones del creyente.

Una de las primeras cosas que sucede cuando una persona tiene un verdadero encuentro con Dios por medio de Jesús.
Es que tiene un encuentro con la verdad. Jesús dijo “yo soy la verdad” (Jn.14:6), pero además dijo “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Jn.18:37).
A lo cual Pilato respondió “¿Qué es la verdad?". Quizá también algunos se hagan la misma pregunta de Pilato.

El diccionario de la RAE nos presenta entre varias acepciones las siguientes sobre que es verdad:

1. Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente.
2. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o se piensa.
3. Propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma sin mutación alguna.
4. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente.

Y aunque estas definiciones expresan una faceta de la verdad en la experiencia humana, deseo, sin embargo, ir un poco más lejos en la definición de la verdad.

La verdad es aquello que no puede ser contradicho sin incurrir por ello en el error o el engaño.
La verdad es el único principio capaz de juzgar a todos los hombres en su cualidad moral.
La verdad trasciende al hombre mismo y este no podrá actuar al margen de su luz reveladora jamás.
La verdad es eterna, inmutable, y perfecta.
La verdad es buena y justa.
La verdad tal como la conoce, comprende y experimenta el ser humano procede de Dios, quien es llamado “Dios de verdad” (Dt.32:4); y cuya palabra es verdad (Jn.17:17); su Espíritu es llamado “Espíritu de verdad” (Jn.14:17); sus juicios son verdad (Sal.19:9), y su Santo Hijo, Jesucristo, es la encarnación de la verdad (Jn.14:6).

El ser humano, desde aquel fatídico momento en que sucumbió a la seducción del engaño en Edén, ha estado constantemente debatiéndose entre la verdad y el engaño, entre la palabra de Dios y la palabra del diablo, entre si actuar en conformidad a la verdad o actuar en base lo que aparenta ser más cómodo, placentero o beneficioso. La humanidad toda ha sufrido las terribles consecuencias del abrazar la mentira y rechazar la verdad, consecuencias a nivel personal, familiar, y social; consecuencias a nivel mental, emocional y espiritual; consecuencias de carácter temporal y consecuencias de carácter eterno. Sin embargo, no parece que se agote la inclinación del hombre ante la fascinación de la mentira. Aún más, algunos parecen creer en la maligna utopía de que se puede retener la verdad aunque se participe en la mentira, pero la Escritura dice claramente:
“¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión tiene la luz con las tinieblas?" (2Cor.6:14).

Quiero invitarle a considerar algunos pensamientos relacionados con la relevancia de la verdad en la vida del creyente:



Satanás y la mentira:
En una oportunidad Jesús enfrentó a un grupo de judíos que con hipocresía mostraban interés en su persona cuando en realidad deseaban su muerte. Él les dirigió las siguientes palabras en Juan.8:44:

“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira”

- En todo engaño está la operación de las tinieblas.
- El poder del diablo se afianza a través del engaño y la mentira.
- Una persona que se siente obligada a mentir está obrando influenciada (u oprimida) por el maligno.
- Jamás de una mentira saldrá algún bien permanente.
- Todo favor que se obtenga a expensas de la verdad se obtiene al precio de sufrir las consecuencias en otras áreas de la vida.

Se preguntará alguno, ¿esto se refiere a algunas mentiras graves? Aunque en realidad hay consecuencias muy distintas entre una mentira y otra, y hay razones distintas que impulsan a una y otra persona a mentir, sin embargo, en esencia, el punto que quiero enfatizar es que no hay mentira que glorifique a Dios y no hay engaño que no complazca al maligno.
Toda mentira, toda falsedad, todo aquello que sostenemos ante otros en conocimiento de que no es cierto y con el fin de ocultar la verdad, constituye una puerta abierta al maligno en nuestras vidas.
A veces jugamos a ser Dios en sabiduría y decidimos que cosas vamos a ocultar o falsear con el fin de evitar mayores problemas. Pero Dios no nos ha mandado a evitar problemas Dios nos ha ordenado que actuemos en la verdad, de los problemas se encargará él, si andamos en la verdad.

Ceñidos con la verdad:
La primera previsión que tiene que tomar el creyente en la lucha contra las fuerzas de oscuridad está relacionada precisamente con la verdad:

“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad y vestidos con la coraza de justicia, (Ef.6:14)

La victoria en contra de las tinieblas no es asunto de gritos, de declaraciones rebuscadas, de palabras escogidas, es un asunto de andar en la verdad, de practicar la verdad, de ceñirse con la verdad, en nuestra palabra y conducta. Si usted honra la verdad, si usted vive ceñido, abrazado y arropado con la verdad y siempre habla, opina, se expresa en conformidad con la verdad usted podrá derrotar con facilidad al maligno en su vida diaria. Pero si usted, con todo y que es creyente, insiste en abrazar el engaño, medias verdades, medias mentiras, no piense usted que saldrá ileso en la refriega espiritual.

Tengamos cuidado con las medias verdades. Ese es uno de los esquemas favoritos de nuestro adversario el diablo, presentar medias verdades combinadas con la mentira. Afirmar algo cierto en unión con algo que es falso. Ocultar una descarada mentira bajo el ropaje de una declaración verídica. Veamos algunos casos:
Como entro el engaño al hombre

Eva en Edén (Gn.3:1-5, 7, 22)
- Verdad: Dios dijo que no comieran de un árbol determinado.
- Mentira: Dios dijo que no comieran de todo árbol.
- Mentira: seréis como Dios, conociendo el bien y el mal.
- Verdad: conocieron el bien y el mal, pero quedaron arruinados por su desobediencia y pasaron a ser esclavos de sus malos deseos, del pecado y del diablo.
El engaño derrotado:

Jesús en el desierto (Lc.4:1-12)
- Verdad: Si eres Hijo de Dios.
- Pecado: convierte las piedras en pan (Usar la libertad para seguir las insinuaciones de Satanás)
- Verdad: todos los reinos de la tierra a merced de Satanás.
- Pecado: rendir a adoración a Satanás.
- Verdad: Los ángeles de Dios guardan a los creyentes.
- Pecado: tentar a Dios demandando que actúe de acuerdo con los caprichos humanos.

Notemos que el Señor Jesucristo venció a Satanás en todas esas tentaciones no por fuerza física, no por haber realizado un ayuno de 40 días, no por muchas de las cosas que nosotros pensamos que se deben emplear en la guerra espiritual, sino, únicamente por vivir en la verdad (estaba lleno del Espíritu Santo), por usar la palabra de Dios para resolver sus conflictos (hambre, sufrimientos futuros, seguridad), y por someter su propia vida a la verdad de la palabra de Dios.

No hay forma más segura, eficaz y rápida de alcanzar liberación y victoria en cualquier área de nuestra vida como el decidir andar en la verdad, es decir, decidir vivir en conformidad con la palabra de Dios.



El poder liberador de la verdad:
Solo hay un pensamiento más que deseo compartir en esta oportunidad, y es el siguiente: Cuanto una persona conozca y ame la verdad, así también disfrutará de libertad.

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn.8:31-32)

Al decidir vivir basados en los principios de la palabra de Dios comenzamos a conocer la verdad. Conocer la verdad implica experimentar su rigor sobre nuestras vidas. Y es esa experiencia la que nos ha de otorgar la verdadera libertad. La libertad que Dios ofrece no procede de la injusticia, ni del relajo carnal, ni tampoco de la violación de los principios del amor, la justicia o santidad. La libertad procede del conocimiento de la verdad. Un hombre que sabe quién es en Cristo es un hombre libre del poder del enemigo. Una mujer que entiende que su valía está demostrada por lo que Cristo hizo por ella en la cruz, es una mujer que puede vivir libre de complejos.

Un cristiano que anda en la verdad es una persona libre:

- Libre para adorar y servir a Dios
- Libre para amar y servir a los creyentes
- Libre para testificar y declarar el amor de Dios ante aquellos que no le conocen
- Libre para no actuar como esclavo de las pasiones y deseos carnales
- Libre para no necesitar la aprobación y admiración de este mundo
- Libre para no obedecer a las insinuaciones y tentaciones de Satanás

Todos los hombres (aún los creyentes) son oprimidos en diversas ocasiones, algunos lo son por temores, otros por odios, unos por resentimientos, otros por desesperanzas, unos por depresiones en la cima del éxito, otros por depresiones en las profundidades del fracaso, unos por tormentos racionales y reales, otros por tormentos irracionales e imaginarios, en fin todos de alguna forma u otra están en una búsqueda de ese algo que les otorgue ese ansiado sentido de libertad interior que las cosas corrientes no logran proporcionar a cabalidad.

Quizá solo se necesite que afirmemos nuestro corazón en la verdad. Que apliquemos nuestros labios a hablar en todo tiempo conforme a la verdad; que juzguemos y actuemos haciendo honor a la verdad, Dios el Padre es el Dios de verdad; Jesucristo el Hijo es la verdad; el Espíritu Santo es el Espíritu de verdad.

Que el Señor nos conceda que se pueda decir de nosotros lo que se dijo de aquellos creyentes:
Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre.
(2 Juan 4)
En el amor de Jesucristo,
Carlos Gutiérrez.

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